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jueves, 21 de enero de 2016

LAS PASCUAS Y SUS TRES JODIOS FASTANMAS



Ustes ya saben que las dichosas Pascuas y yo nunca nos hemos llevao del to bien.  ¡Tira Pepe, tira Juan, tira Perico y Sebastián! el caso es que por uno o por otro la casa sin barrer y siempre terminan como el rosario de la Aurora ¡que la verdad sea dicha! nunca he sabio quien coñio era la tal Aurora, pero tuvo que montar tal pifostio con un rosario que´ntoavia s´acuerdan d´ella. 
Pos la mañana de Nochegüena venia yo de coger la oliva, que´ntoavia me quedaban cuatro oliveras del terreno que tengo a medias con el Pascualón, cuando m´encuentro a mi duenda en plenos preparativos Navideños. ¡ca! Me se pusieron los pelos como escarpias y cerrao en banda le dije ¡que´ste año ni Pascuas, ni leches en vinagre! que´l que quisiera fiesta que se la montara en su seta o tocándose la minma, pero que ni por asomo quería c´acudiera naide a tocarme la zambomba, que ya me la tocaba yo casi a diario y bien toca. ¡Pos no veas la que lio aquí mi parienta echa un adufe!

-¡Regüevos el tostonero siempre rezumzuñando! ¡Pos miavel! si que te sulfuras tu por una miajica de na. Si fuera como enantes  ¡pero amos! que son cuatro pelagatos los que vienen y tú con tu tole, tole, tos los santos años ¿Entonces que le digo al sobrino del carnicero cuando venga con el pavo, que se lo ponga de sombrero? ¡Me ties, ay como me ties!

¡Pa que las prisas! Dun blinco me subí pá la cámara y allí con el sentir de los pajaricos  m´encendí una pavica del mediodía. Entre cala y cala ¡chacho! Se formo una humarea que no veía ni tres en un burro ¡Na, más vale humo que escarcha! y seguí con el fumete. A lo que´ntre la polsaguera me s´aparecio un visalmo con lamparones en las taratañas, asín como mi duenda suegra pero sin rulos y con la minma cara del Pascualón cuando no le sale el truño.




 Con una voz de ultatrumba, esto lo sé porque el  Usebio fue una temporá enterraor. Entoavia no sé porque coñio lo engancharon a él pá esos menesteres, pasaba más miedo que once viejas y me pidió a mí una tarde noche, subirme a ayudarlo a enterrar a un defunto mu viejecico c´acababan de traer de La Alqueria. Las manos l´echaban humo de lo encanao que iba con la pala, a lo que yo, enconociéndolo como lo enconocía, le solté un berrio que del cagachín me se pego un batacazo adentro de la fosa que Dios tiembla y dende haya abajota me icía.

-Sácame d´aquí ¡tonto la noonaaa!

Nunca un tonto la nona me hubía sonao tan tretico como aquel.

¡Pos eso, que no poseio! que´l jodio del visalmo tenia la minma voz de ultatrumba que´l Usebio metió aquella tarde junto al Alcarriano. Y va y me ice:

-¡Tú, el de la pava, ehcucha! Hoy recibirás la visita de tres fastanmas y ellos te guiaran a través del tiempo en un viaje qu´enjamás olvidaras.

-¡La ohtia! ¡Copón! ¿Tu d´ande has salió huevón? ¡Que paeces el tío Sain! ¿Tres fastanmas ices? ¿Un viaje? ¡No abarruntes que te veo venir! ¿Mi duenda suegra, mi cuñao y la tocapelotas de la ChinLu? Ya te adelanto que mas pá rriba de la Fuente El Pino no voy, que eso ya es el extranjero, no tengo pasapostre y encima me mareo.

¡Munchas preguntas! M´ice el visalmo de los cojones y ¡cataplun, chin, plun! En la minma nube de humarea  desapareció.



A lo que me descuido el mariconazo de mi sobrino m´agarra el paquete tabaco y pensé en aquel momento que me hubía echao algún yerbajo de esos raros que fuma él y mirando la colilla baje la escalera dando tumbos. Olía a frioleras recién hechas y un niñico Jesús en su pesebre prisidia la estancia. ¡No, si al final sa salió con la suya! Pensé, y al mirar pal poyo me veo asentaos en él juegando a un duenecillo y a un yayo asín mu pareció a mi agüelo duende el del unicornio.

-Adivina, adivinadeta ¿Qué lleva el fraile en la bragueta?

Le icía el yayo al mengajo, a lo que´ste se descojonaba vivo. 

Aluego volvía con otra adivinalla.

-¿Qué le dice una higuera a su hijo? – ¡Hiiigo mííío!

Y el zagalico se cogía la panza y se revolcaba por los suelos de la risa.

-Ven pá ca periñan que amos a juegar al puño puñete.

Y este corría con jolgorio dando traspiés a los brazos de su agüelo.

Entonces s´abrió el portón y entro una yaya duenda con su rodete bien hecho y su mandilico negro a cuadros y remangá, con los brazos en jarras les dijo.

-¡Pero güeno os parecerá bonico! Entoavia ehtais asín sin poneros el majo, que esta noche es Nochegüena y mañana Navidad, saca la bota María que me voy a emborrachar.

Y los tres a coro cantaban.

-¡Ande, ande, ande, la Marimorena, ande, ande, ande que´s la Nochegüena!

-Venga y atiza bien esa lumbre y échale rescoldos al brasero, no deis lugar a que se quede ehto destemplao, que ya vienen por el camino tos con las chirranchas y las panderetas.



De repente to eso que´staba pasando me fue mu familiar, el picaporte se movió y cuando giraron las caricas, vi que´llos eran mis yayos y el periñan yo mesmo de duenecillo. ¡ca! ¡Se cuenta y no cree! Las lagrimicas me bajaban más rápido que una mea cuesta bajo, trague a lo pavo y un repelús recorrió mi cuerpo serrano.  Sin poder parpaguear y como un pasmarote, noto que m´agarran los bajos del pantalón y cuando miro pá bajo me veo a un elfo menudico azafranao y con la cara cosía a pecas. Me ice con voz de pito, que´s el elfo fastanma de las Pascuas pasas y que me´sta enseñando mi pasao.  
Sin que me diera tiempo a decirle lo bordelancano qu´era s´armo una revolica. Las sillas, la mesa, el niñico Jesús y la mare duenda que pario al que hizo esta penicula, volaron por los aires, sinun poco me quedo tuerto por un moniato que tamien le dio por volar y agarrao a una algayata que usaba mi yaya duenda pá colgar la ristra de pimientos, me dije a mi minmo ¡Tócate los pelendengues a ver si entoavia los ties en su sitio! Porque del coídio note que me hubían desaparecio.



Cuando paso to´l follón mi setica se quedo vacía ¡Cucha! to se lo hubía llevao el viento, como a María Sarmiento y hacia una rasca, que los piños me zurrían como unas castañuelas. De repente to s´ennegreció y sentí a alguien llorar en la lacena. Le eche reaños y m´asome con muncho cuidaico y me vi a mi duenda enluta agarra a una perola iciendo.

-¡Que solica te ves estas Pascuas perolica mía! Ya nunca cocerás más de cien peloticas en tus adentros. Él nunca quiso celebrar las Pascuas. Nunca quiso, nunca quiso…

Y volvía a llorar a moco tendio.

Con muncha pesambre, hice amago d´asobinarme a mi duenda querida, pero el caeza espetón del elfo pelopanocha me se volvió aparecer, esta vez con la cara blancuja del Maiquel Yacson en sus últimos años y me ice con voz de pitopitufo estreñio, que´s el elfo fastanma de las Pascuas futuras.  

-¡Amos a ver cara zafa! a ti lo que ta dao es un mal aire. Me ties en un san pacá y san pallá y m´estas alterando la sangre. Eres mas pesao que Fernandico que mato el marrano a besos y m´estas jodiendo más c´una china en un zapato. ¡Ejame ya tranquilo con tus tontascas, que yo creo que ya has hecho bien el fastanma por hoy!
Ya le podías icir misa en latín, que´l tontolaba solo me miraba con esos ojos agüevaos de pavo antes de pegarle el capón.

-¡Acho, dispierta abedul!

¡Y él que si quieres arroz Catalina!

Cuando siento las campanas tocar a ultimas y me vi a mi minmo, como al Alcarriano del Usebio, metió en una fosa. ¡Chacho, por naide pase! Yo que pensaba que iba a durar más que´l culo un mortero en el quicio una puerta y me veo allí ¡listo papeles! ¡La fin del mundo, lo que yo te diga! Me quede con menos fuerza que´l follonazo un choto y me dehmaye.



Cuando recupere el ser de mi persona m´encontraba en la cámara, la humarea hubía desapareció y los pajaricos seguían canturreando una canción del Bisbal. En un prencipio pensé que lo hubía ensoñao to y baje los peldaños que me se hicieron más largos que un día sin pan.
Mi duenda seguía con los preparativos navideños y me fui derechico a ella a darle un buen achuchón.

-¡Regüevos nene, no me atosigue! ¿Qué ramalazo ta dao?

-¡Pos mira nena! Qu´estoy viendo que pá tos los que nos vamos a juntar paecen pocas las frioleras ca traído tu mare. Apaña la masa que ahora minmo nos ponemos a hacer mas. Y ¡ojico! Saca la perola grandota que´stas Pascuas yo me como las cien pelotas que s´amasen.  Voy a llamar a to quisqui pá que s´acerquen esta noche por el güiscano y que no se les olviden las chirranchas y las panderetas ¿Sabes por qué? Porque ¡Esta noche es Nochegüena y mañana Navidad, saca la bota María que me voy a emborrachar…!

No hubía terminao de canturrear el villancico cuando tocan al portón, abro y m´encuentro al pelopanocha del elfo con un pavo metió por el sobaco. Le solté un sopapo que ni lo vio venir,  a lo que mi duenda salió pitando iciendo.

-¿Acho, tas vuelto majara? Que´s el  Celipe, el sobrino del carnicero que ha venio estas fiestas dende Ontur pá echarle una manecica en la carnicería.



Y yo con muncha alegría en mi cuerpo sandunguero y mirando al azafranao a sus ojos agüevaos le dije.

¡Te la debía!

EL DUENDE







jueves, 6 de febrero de 2014

CHIN LU, CHIN AGUA Y CHIN NA



Ara pasas las fiestas, al orico la lumbre, con el brazo en cabestrillo, dos brechas en la caeza, un ojo a la funerala y un costipao de aquí te espero, les puedo asegurar que estas han sio las  navidades más raras dende que tengo uso de razón.

To comenzó el día antes de nochegüena. Tres setas mas pá ya de mi güiscano montaron un chino filipino que fue la revolución pá to el vecindao, las lucecicas se veían dende la Alquería y el belén del vidriao era pá verlo. El niñico Jesús  les salió visco y manco, la virgen María tizna y joroba y san José con cara de remorcico de apendis. La burrica era un perro verde y el buey  calcaico al Flugencio, solo que este lleva más cuernos que el alimalico. Del angelico ni hablamos, porque lo dejaron cojico y con tres ojos, cuatro si contamos con el del ojete.


 Me fui pá ya a ver si m´agenciaba una escopeta de perdigones, por aquello de que las fiestas siempre me traen poblemas  y aquello estaba abarrotao, ni el Cinema en sus buenos tiempos hubía tenio mas duendes arremolinaos, ¡cualquiera encontraba allí algo!, llame a la chin lu y le dije lo de la escopeta y ella haciéndome reverencias me trajo tres pares de pendientes reflectantes, unas zapatillas con la cara d´un oso con retortijón, un cuadro con dos javalises coloraos, una fridera, un repartiol y unas orejeras morás. ¡Chacho!, aun me pregunto ¿que entendió cuando le dije lo de la escopeta? Y me Salí de allí con las minmas. ¡Poscuchusted!, vaya chino capuchino de peseta, que tien de to menos escopeta.  Mia las orejeras me hubían venio bien pá mi duenda suegra, que en pleno invierno paece que esté dando el intermitente con los baleos


Me fui pal bar y con mas pacencia que el santo Jo, como tos los puñeteros días, pregunte a los de la partida si sabían algo de mi duende suegro, los mu jodios si saben algo se lo callan y agarre a mi guachico el morenico y me fui a dar un voltio con él.
Me lo lleve a los bancales del tío elfo Serapio y allí iba yo dándole comesacion y  explicándole que los terrenos se los hubía dejao en herencia la Mirinda, una tía elfa de él con el pelo azafranao que no tenia discindencia. Se llevaban viendo a escondías munchos años y un buen día el Panduro el malcasaó hizo el apañijo y se la llevo a las Américas, con tan mala fortuna que en el trayeto se la merendó un llus con mala folla y el Serapio c´abarruntaba jaspa, como único discindiente vivo se hizo con to los terrenos y perricas que tenia la buena elfa. Este monto una pescateria deaporná con la Alfonsa  y ahí le tienes cortándole a machetazo vivo las cabezas a las llusesicos en honor a la Mirinda


Con la trápala, cuando eché mano, mi morenico se hubía quedao escujao, se levanto bufaica y m´agache a coger la toquilla cuando jipe al Pascualon por el caminico a prisica, a prisica que m´entra hambre con dos garrafas de vino y un queso en la melondra, le pegue un silvio y salió corriendo con cagachín como si hubía visto una parición. Llegue a mi setica dándole a la melondra, manque este tío es por ande le da, lo minmo te pega abrazos y besos que le da por chupar candaos. Ya me extrañaba a mí que el otro día le hubía preguntao si este año le ayudaba a coger  oliva y me dijo que no, raro, mu raro, pero yo pobretico de mi no sabía en aquel momento lo que se traía entre manos. Al que también hacía tiempo que no le veía el pelo era a mi tío duende Manolico, pero amos, que a eso tampoco le echaba yo cuentas porque me lo hacía  en los Benidores torrando habas.



Pá la nochegüena estaba yo mu contentico porque mi duenda suegra s´abia ido pá la costa a visitar a su hermanica duenda, que se fue siendo mocica a servir con unos elfos adineraos dueños de una fábrica de embutidos. Allí se enamorisco del  Ambrosio perniles, que trabajaba en la fabrica haciendo chorizos y se casaron, con el tiempo trespasaron la tienda y se la agenciaron ellos y mi duenda suegra cada año con la matanza, les hace viaje con los embutios de la tierra pá que allí los guiris sepan lo que es un buen comer.

Sin mi duenda suegra avestrú a la vista, con mi morenico jugando al adivina adivinalleta que lleva el fraile en la bragueta y haciéndole la rata en la pared, mi duenda preparando la cena y yo con mis veinte peloticas pá hacer boca, éramos mu felices. Mi yaya duenda que tenia refranes pá to ya me icía que la felicidá en la casa del pobre poco dura y qué razón tenía la buena yaya duenda. Acabaó de terminar el descurso de la pasica del rey duende en la duendevision, que tos los años nos ice que nos portemos bien y demos ejemplo como su familia, aporrearon la puerta.


 Yo, a falta de escopeta me cogí el rulo gordo de amasar y abrí el portón con muncho cuidaico.  ¡En mi vida y en mi alma hubía pasao tanto sustaco!, la zurrona de mi cuñá duenda m´aparecio con un abrigón de oso polar y yo que no estoy acostumbrao a ver osos por estos lares le pegue el palizón de su vida, cuando descubrí que era la jodia aun le sacudí dos mamporrazos mas por lista y mi cuñao el fastanma agarro el rulo y me empezó a pegar rulazos a mí.


Allí dando viletas por los suelos, con el ojo a la funerala me s´parecio el Pascualon, mi tío duende Manolo y mi duende suegro arrepretujandole chicha a la chin lu del chino capuchino. Me levante como el que lleva avispas en culo y agarre a mi duende suegro por el pescuezo. La chin lu comenzó a dar volteletas en el aire y chillando como en las peniculas del Brucele me hizo una llave de taikondo en tol brazo derecho parte arriba. ¡La mare duenda china filipina que la pario! ¡Coñio! siesque ni la vi llegar y eso que llevaba más lucecicas encima cún puticlu al caer la noche.


Tirao en el suelo quejándome malamente y con la poca visión que me quedaba, me veo entrar por la puerta a mi duenda suegra agitando una botella de champan del bueno en to lo alto la caeza de mi duende suegro y yo en mi buen hacer, pá no quedarnos sin el champan, me lance a ella como un spucnik y el botellazo me lo lleve yo. Empecé a ver estrellicas y lo último que recuerdo es a mi cuñao duende el morenico haciendo pucheros  con el anuncio de navidá, ese en el que sale la Monse Caballe, el Rafael y otros energúmenos acojonando al personal.  Aluego me contaron lo de la casa de socorro pero, eso ya es otra historia.



EL DUENDE